Al fin nueva sangre en las aulas de arquitectura, en los mesones y frente al pizarron… lo mejor de todo: proyectos de titulo reales, no esos afanes de tabula rasa imperante en la educacion santiaguina para imponer un “centro cultural” o quizas què programa de moda.
Conferencia InEdita:
REGIONES 1
TALCA
REGIONES 1
TALCA
Proyectos de Título Universidad de Talca
Exponen:
Rodrigo Sheward – Pinohuacho”
Claudio Castillo – “Pabelllón de Carreras a la Chilena”
Macarena Avila – “Descanso en los Viñedos”
Ingrid Vega – “BOX Canelillo”
El que tenga su blog, avise para agregarlo!!!
Véliz Hernández Valdés – “Landmark”
Juan Román – Director Escuela de Arquitectura U. de Talca
Aca una conversacion con Juan Roman, donde hicimos Copypeist del primer parrafo:
“Juan Roman Director de la Escuela de Talca
Los alumnos para obtener el título de arquitectos deben Diseñar, Gestionar y Construir una Obra de Arquitectura. Uno de los planteamientos de la Escuela es que el estudiante debe ser capaz de lidiar con el difícil medio laboral en el que se inserta. Para ello debe ser capaz de “innovar en la búsqueda de oportunidades… en ámbitos distintos a aquellos en los que tradicionalmente se ha desempeñado el arquitecto”
Los alumnos para obtener el título de arquitectos deben Diseñar, Gestionar y Construir una Obra de Arquitectura. Uno de los planteamientos de la Escuela es que el estudiante debe ser capaz de lidiar con el difícil medio laboral en el que se inserta. Para ello debe ser capaz de “innovar en la búsqueda de oportunidades… en ámbitos distintos a aquellos en los que tradicionalmente se ha desempeñado el arquitecto”
Y el segundo…
“Francisco j. Quintana – ¿Cómo se genera el programa de titulación de la Escuela de Talca?
Juan Román – Los primeros alumnos llegan a la Escuela en 1999 y al acercarse a sus últimos años de estudio empezamos a pensar en la manera de la titulación. En una conversación con unos arquitectos ingleses que nos visitaron, se mencionó que veían bastante innovación en la escuela y que confiaban que de aquí podía salir una nueva titulación en Chile. No sé qué habrán querido decir exactamente con ese comentario, pero fue el catalizador de lo que entonces se estaba pensado. Eso como primer punto. Luego surge una visión crítica respecto de lo que un programa de titulación era y, según entiendo, sigue siendo en Chile, especialmente sobre la componente inútil que tiene. El costo de una titulación se estimaba entre los $800.000 y $1.500.000, entre maquetas y planos; es decir, se gasta un dineral en obtener un título profesional (que en cierta forma está bien en el sentido de que esos son los códigos que se manejan) pero hay un desperdicio de recursos que llama la atención. Como contraparte, si bien algunos de nuestros estudiantes cuentan con recursos económicos suficientes, la mayoría está un poco más abajo que la media del país, entonces someterlos a un gasto de ese tamaño me pareció ridículo y, sobre todo, un gasto inútil. Entonces, queda como segundo componente, el costo de la titulación y el destino práctico que ese gasto tiene. En tercer lugar, cuando se formula la escuela el año 1998, se postula que su objetivo es incidir en el proceso de modernización del territorio. Eso de incidir nos hizo caer en cuenta que había que construir pues había que hacer público lo que se hiciera si queríamos realmente incidir en el proceso modernizador del territorio. En ese ejercicio público, las obras aparecían como la manera más lógica de atender al cumplimiento de ese objetivo. Si bien esto generó mucho entusiasmo, también tiene sus riesgos. El proceso fue autorizado por el Rector de la época y partimos en 2004 con los primeros dos titulantes. El primer titulado realiza su proceso en seis meses, cosa importante pues había dudas respecto al tiempo que tomaría titularse. Ese primer proyecto o, mejor, primera obra, Tres Miradores en el Sendero de Chile, ha sido publicado posteriormente en la Revista CA y en Cientodiez.
Entonces, en la formulación de nuestra manera de titulación inciden, primero, el comentario externo de los arquitectos ingleses; segundo, la crítica al modo de titulación que conocíamos, y, finalmente, la coherencia que se debía tener con el proyecto de Escuela. (…) “
Juan Román – Los primeros alumnos llegan a la Escuela en 1999 y al acercarse a sus últimos años de estudio empezamos a pensar en la manera de la titulación. En una conversación con unos arquitectos ingleses que nos visitaron, se mencionó que veían bastante innovación en la escuela y que confiaban que de aquí podía salir una nueva titulación en Chile. No sé qué habrán querido decir exactamente con ese comentario, pero fue el catalizador de lo que entonces se estaba pensado. Eso como primer punto. Luego surge una visión crítica respecto de lo que un programa de titulación era y, según entiendo, sigue siendo en Chile, especialmente sobre la componente inútil que tiene. El costo de una titulación se estimaba entre los $800.000 y $1.500.000, entre maquetas y planos; es decir, se gasta un dineral en obtener un título profesional (que en cierta forma está bien en el sentido de que esos son los códigos que se manejan) pero hay un desperdicio de recursos que llama la atención. Como contraparte, si bien algunos de nuestros estudiantes cuentan con recursos económicos suficientes, la mayoría está un poco más abajo que la media del país, entonces someterlos a un gasto de ese tamaño me pareció ridículo y, sobre todo, un gasto inútil. Entonces, queda como segundo componente, el costo de la titulación y el destino práctico que ese gasto tiene. En tercer lugar, cuando se formula la escuela el año 1998, se postula que su objetivo es incidir en el proceso de modernización del territorio. Eso de incidir nos hizo caer en cuenta que había que construir pues había que hacer público lo que se hiciera si queríamos realmente incidir en el proceso modernizador del territorio. En ese ejercicio público, las obras aparecían como la manera más lógica de atender al cumplimiento de ese objetivo. Si bien esto generó mucho entusiasmo, también tiene sus riesgos. El proceso fue autorizado por el Rector de la época y partimos en 2004 con los primeros dos titulantes. El primer titulado realiza su proceso en seis meses, cosa importante pues había dudas respecto al tiempo que tomaría titularse. Ese primer proyecto o, mejor, primera obra, Tres Miradores en el Sendero de Chile, ha sido publicado posteriormente en la Revista CA y en Cientodiez.
Entonces, en la formulación de nuestra manera de titulación inciden, primero, el comentario externo de los arquitectos ingleses; segundo, la crítica al modo de titulación que conocíamos, y, finalmente, la coherencia que se debía tener con el proyecto de Escuela. (…) “





